A vueltas con la economía

Artículo de Javier Fernández, publicado en El Comercio (17/01/2010)


Artículo de Javier Fernández. Secretario General FSA-PSOE.

A estas alturas del nuevo año es evidente que la política económica del Gobierno a lo largo de la crisis se ha convertido en el argumento estratégico fundamental de la oposición. El balance de fin de año que hizo Rajoy no dejó lugar a duda alguna: si el PP hubiese gobernado en estos momentos de crisis las cosas hubieran discurrido de otro modo. Y después, la receta conocida para sustentar lo dicho, esto es, austeridad en el gasto, reducción de impuestos y reforma del mercado de trabajo. Una política que no ha practicado ningún país de la Unión Europea (léase el discurso de fin de año de Merkel), pero algo hay que hacer para merecer los parabienes de Díaz Ferrán. En suma, a Rajoy le viene al pelo una frase de Krugman a la que ni le falta la retranca tan del gusto del gallego: “En cuanto a los republicanos, ahora que sus políticas de bajadas de impuestos y liberalización nos han metido en un atolladero económico, su receta para la recuperación es bajada de impuestos y liberalización.”(El País. Negocios.3.01.10)

¿Y qué decir de la reforma laboral? Si Rajoy piensa que es la actual normativa la que ha tenido consecuencias tan desgraciadas en materia de despidos (en 2008 fueron 630.000 los propiciados por la precitada regulación) no debería olvidarse del papel de la Ley 45/2002  en dicha normativa (él era Vicepresidente, recordemos), que supuestamente modernizaba el mercado de trabajo. Esa es su tarjeta de presentación en materia de reformas e incidencia consecuente en despidos.

Entre tanto, aquellos analistas que prescinden de su memoria para magnificar las predicciones del FMI sobre el futuro de nuestra economía, deberían recordar que todavía en el verano de 2008 el Fondo aseguraba que “a pesar de algunos alivios en los precios de las materias primas, muchas de las fuerzas del boom aún están vivas y los precios permanecerán a niveles elevados… Los riesgos de inflación son todavía claramente altos”. Más en concreto, de nuestro país previó que “la inflación media se disparará al 4,5% en 2008, aunque se moderará en 2009 al 2,6%”. Pues bien, en 2008 la inflación media creció un 4,0% y en 2009 con datos  hasta noviembre ha tenido un crecimiento negativo. Algo similar ocurrió con el crecimiento del PIB; el FMI predijo un crecimiento en 2008 del 1,4% y la realidad se quedó en el 0,9% y ahora, para el 2009, vaticina un crecimiento negativo del -0,2%. La conclusión más sensata no puede ser otra que el escepticismo crítico respecto de todas las previsiones que hacen las instituciones internacionales y los gobiernos nacionales.

Pero quiero volver a la realidad regional para recordar que en ese contexto de dificultades reales y financieras, la economía asturiana experimentó en 2008 un crecimiento en modo alguno desdeñable. Crecimos a una tasa del 1%,  cifra por encima de la media nacional, que lo hizo al 0,9%. No obstante, lo más significativo de ese avance fue la continuidad en la tendencia al incremento de nuestro PIB per capita. Hace quince años si esa variable en España era 100 aquí en Asturias era 88,2. Hoy, más concretamente a finales de 2008, ese índice había aumentado hasta 94,0, tras unos años de retrocesos y avances hasta consolidar una clara tendencia ascendente en 2002. Este indicador del nivel de desarrollo relativo de un territorio no dice ciertamente muchas cosas en términos personales, aunque en nuestro caso desvela una tendencia clara en la recuperación de la economía regional.

Pero como no existe duda de que el empleo es la variable que más nos preocupa a todos, conviene que nos remontemos a la EPA del primer trimestre de 1996 (que fue el primero con nueva metodología en la Encuesta). Encontraremos un panorama en el que destaca una cifra de activos de 409.700, una de ocupados de 326.600 y una de parados de 83.100. Esto es: una tasa de paro de 20,28% en un contexto nacional en el que esta variable ascendía a un 22,83%. Catorce años después el último dato disponible de la EPA, que es el del tercer trimestre de 2009, nos muestra que en Asturias hay 484.900 activos, 419.800 ocupados y 65.100 parados. En definitiva, una tasa de paro del 13,42% frente a una tasa nacional del 17,75%.

Ese panorama del mercado de trabajo asturiano permite una ojeada a una trayectoria de casi tres lustros que queda mejor encuadrada con el dato del mínimo y del máximo de la ocupación en nuestra coyuntura laboral en los últimos 33 años, que son los de existencia de la EPA como dato oficial. El máximo de la ocupación en Asturias tuvo lugar en el tercer trimestre de 2008, en el que en nuestra región había ocupados 463.300 trabajadores. Por su parte, el mínimo del empleo acaeció en el primer trimestre de 1995 cuando la ocupación asturiana descendió hasta 320.400 trabajadores.

Una mínima consideración de las fechas a las que anteriormente se hace referencia lleva a pensar que la anterior recesión que se manifestó en los primeros años de los 90 incidió en el empleo en Asturias con un leve retraso. Esta segunda que ahora vivimos se inició, al menos formalmente, en el primer trimestre de 2009 (segundo trimestre de crecimiento negativo del PIB) y es muy probable que deje sentir sus efectos con algún retraso en lo que se refiere al  empleo. Lo que nos dicen las cifras de la EPA, pese a todo, es que soportamos una tasa de paro inferior en cuatro puntos a la media nacional, lo que tiene una explicación sencilla. Lo bueno y lo malo de esta crisis se explica en el sector de la construcción.

Por un lado, el peso relativo de la actividad de la construcción es en Asturias inferior a la media nacional, lo que afecta con menor intensidad relativa al sector en el que se ha cebado fundamentalmente la pérdida de empleos. Por otro, Asturias es región de baja tasa de acogida de inmigrantes, lo que ha aliviado el crecimiento del paro en un grupo de población en el que el desempleo ha incidido fuertemente en otras regiones. En realidad, las dos razones se pueden resumir en una sola: la menor presencia relativa de la actividad constructora en Asturias, sobre todo de la construcción residencial, no ha atraído población inmigrante en la medida en la que lo ha hecho en otras regiones españolas (todo el mundo piensa en el Levante español) que hoy registran las mayores tasas de paro de la escena nacional.

En cualquier caso soy consciente de que la crisis no ha concluido, aunque el punto de inflexión sea inminente. De todos modos pienso que la  situación de la economía asturiana es hoy considerablemente mejor que la que afrontamos a la salida de la crisis de 1991 (la originada en las Savings&Loans y magnificada posteriormente por la guerra del Golfo). Los datos anteriores relativos al PIB per capita del 2008 y su evolución a lo largo  del tiempo reflejan la situación de una región en la que ha crecido significativamente la productividad en términos relativos y que, afortunadamente, forma parte de una Unión Monetaria. Por eso hemos obviado ahora alguno de los agobios de aquellas fechas.