Una Presidencia para una nueva Europa

Artículo del eurodiputado socialista Carlos Carnero


Artículo de Carlos Carnero, eurodiputado socialista

“La Presidencia española llega en un momento crucial de la construcción europea”. ¡Atención, por favor!: que conste que no se me escapa que esta frase se ha repetido tantas veces con motivo de las presidencias semestrales de la UE que puede generar un cierto escepticismo en la opinión pública.

Pero es que esta vez es verdad, porque cuando España llega a la cabeza del Consejo es cuando la UE se apresta a operar un cambio constitucional que, por su importancia cualitativa y cuantitativa, nos permitirá hablar no de una nueva fase de la construcción europea, sino más bien –y sin exagerar- de una nueva Europa.

Sí, porque la entrada en vigor del Tratado de Lisboa llevará a la realidad institucional y política europea la gran mayoría de los contenidos de la Constitución elaborada por la Convención, empezando por que definirá por primera vez en una norma fundamental de la UE lo que denominamos modelo europeo: esa democracia pluralista enmarcada en un sólido estado de derecho que es al tiempo una sociedad del bienestar.
Los principios, los valores, los objetivos y los derechos fundamentales –con una Carta jurídicamente vinculante de los mismos- del Tratado estarán ligados a la ampliación de la toma de decisiones por mayoría cualificada, a la adopción de más legislación (incluído todo el presupuesto) a través de un procedimiento que pone en pié de igualdad al Consejo formado por los gobiernos y al Parlamento elegido directamente por los ciudadanos, al aumento de las competencias de la Unión y, en fin, a la creación de nuevas figuras institucionales como el Presidente Estable del Consejo Europeo y el “ministros de asuntos exteriores” –aunque sea con minúscula-.

La Presidencia Española tendrá entre sus prioridades la aplicación y el desarrollo ambicioso del Tratado de Lisboa, especialmente en lo que se refiere a la ciudadanía. Por eso intentará que durante su semestre se aprueben el desarrollo de la Iniciativa Ciudadana Europea y que la UE como tal firme –ya dotada de personalidad jurídica propia- el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

La segunda prioridad de la Presidencia estará centrada en la salida de la crisis económica en términos sociales, de fortalecimiento del estado del bienestar, afrontando con todos los útiles de la Unión la principal consecuencia de la misma: el paro.
 
Se renovará la Estrategia de Lisboa en el décimo aniversario de su formulación, se adelantarán propuestas para conformar una nueva agenda social, se incidirá en la actuación comunitaria para la reactivación de la actividad económica, se desarrollarán los recién formulados mecanismos europeos de supervisión financiera y se incidirá especialmente en la lucha contra el cambio climático a la luz de los acuerdos de Copenhague, teniendo en cuenta que frenar el calentamiento global no es sólo una obligación perentoria, sino también una oportunidad para abrir nuevos yacimientos de empleo a través de una economía sostenible y verde.

En el esfuerzo por la recuperación económica y el combate frente al cambio climático se demuestra claramente que Europa ni está sola ni puede actuar de forma aislada. Con el Tratado de Lisboa en la mano –incluyendo el Servicio Europeo de Acción Exterior que define-, la Presidencia Española apostará decididamente por convertir a la UE en un actor global en la escena internacional a la altura de sus capacidades políticas, económicas y culturales.
 
Como poder civil, la Unión ha de estar a la cabeza de la conformación de un mundo más pacífico, justo y democrático, algo que aspiramos a conseguir gracias al multilateralismo, la actuación de las organizaciones internacionales –empezando por las Naciones Unidas- y la promoción de la cooperación al desarrollo (con el compromiso comunitario de cumplir sus compromisos en Ayuda Oficial).
 
Alojaremos en nuestro país cumbres tan decisivas como las que se celebrarán con los Estados Unidos del Presidente Obama -cuyo principal objetivo será renovar la Agenda Transatlántica establecida en 1995-, con América Latina y la segunda de la Unión por el Mediterráneo, sin olvidar las que tendrán lugar con México y con Marruecos.

Todas las prioridades citadas, dentro y fuera de la Unión, en los terrenos constitucional, económico y exterior, convergerán en la definición de una ciudadanía europea activa para el Siglo XXI. De ahí que la Presidencia Española vaya a poner especial énfasis en el combate contra la violencia de género (impulsando la creación de un Observatorio Europeo en ese sentido) o en el desarrollo al máximo del espacio de libertad, seguridad y justicia.

Dos principios rectores recorrerán todas las propuestas de la Presidencia Española a lo largo de su existencia: la igualdad y la innovación. Igualdad entre mujeres y hombres, en primer lugar; innovación no solo en lo económico y tecnológico –como fuentes imprescindibles de competitividad en un mundo globalizado-, sino también en las formas de hacer política.

España asume en 2010, por cuarta vez desde su ingreso en las entonces Comunidades Europeas, la Presidencia del Consejo de la Unión. De anteriores presidencias han quedado importantes aportaciones españolas al acervo comunitario. Basta con citar, por ejemplo, la definición de la Agenda Transatlántica o el Proceso de Barcelona.

Este momento histórico del mundo y de la construcción europea también reclama un esfuerzo que nos permita dejar una impronta positiva y duradera de nuestra Presidencia –que afrontamos en un trío de 18 meses con Bélgica y Hungría-. Para ello se está preparando la Presidencia Española desde el consenso con los socios comunitarios y terceros, desde el acuerdo entre las instituciones, las fuerzas políticas y los agentes sociales nacionales y, sobre todo y ante todo, con la promoción de la participación ciudadana.

La tarea de echar a andar con una nueva Unión Europea no sólo merece la pena, sino que es imprescindible. España lo sabe y lo asume consciente de que la profundización política de la Unión debe continuar al tiempo que se hace una familia más numerosa.
 
Nuestra Presidencia quiere ser una etapa decisiva en ese camino.