«No me sorprende que la patronal pida recortes, sino que la respuesta sea tibia»

Entrevista a Javier Fernández en La Voz de Asturias


Entrevista a Javier Fernández, publicada en La Voz de Asturias (14/08/2011)

«No me sorprende que la patronal pida recortes, sino que la respuesta sea tibia»

Raúl Álvarez, Oviedo

Cuando Javier Fernández entró en política, recibió como regalo un cartel de 1900 para decorar su despacho de director general de Minas del Principado. Desde entonces, la lámina le ha acompañado por las oficinas que señalan su paso por la vida pública. En su despacho de la FSA, trabaja bajo una doble vigilancia. Un retrato de Pablo Iglesias y los campesinos italianos de la película de Bernardo Bertolucci acompañan sus lecturas, la redacción de discursos y la toma de decisiones. Los ciudadanos de a pie que tratan de salir a flote entre las turbulencias políticas y económicas de la primera mitad del siglo XX recuerdan constantemente para quién se hace política. Del fundador del PSOE, toma las preguntas eternas de la izquierda. Las respuestas, asegura, deben actualizarse pero las cuestiones que preocupan a los socialistas no cambian: la discriminación, la pobreza, las nuevas formas de marginación. El movimiento 15-M o los disturbios del Reino Unido vuelven a suscitarlas y en Asturias toca responderlas desde la oposición.

Han pasado cuatro meses y muchas cosas desde la última vez que hablamos aquí.
La situación política ha cambiado, pero pensaba entonces que, si las derechas conseguían mayoría en Asturias, gobernarían y, a la vista de lo que está ocurriendo, no me hace falta matizar esa opinión. Aunque hay una fortísima combustión interna en su seno, lo previsible tras las elecciones generales es una aproximación de las dos banderías. Los resultados pueden ser muy determinantes y condicionar ese proceso. De lo contrario, no hay otra opción a medio plazo que elecciones autonómicas anticipadas.

¿Las ve factibles?
Creo que habrá esa aproximación de la que hablo. Si no se concreta, por razones que serían de tipo personal, la legislatura tendría que acortarse. Necesariamente.

¿Esperaba el PSOE que la irrupción de Francisco Álvarez-Cascos en la política asturiana lo llevara hasta la presidencia?
No, ciertamente no. Siempre pensamos, y las encuestas nos lo decían así, que la fuerza más votada sería el Partido Socialista. Por cierto, lo fue. Pero es verdad que esperábamos un mayor número de escaños.

No se han oído grandes críticas internas a ese resultado. ¿Por qué?
Un partido como el nuestro, que sabe estar en la oposición pero busca fundamentalmente transformar la realidad desde el Ejecutivo, acusa una derrota. Pero hablamos de una organización asentada y sensata, con un profundo sentido de la responsabilidad, que tiene un desafío inmediato. Las elecciones generales siempre son trascendentes, y éstas aún más.

¿Desestimó ya de entrada presentarse como candidato a la investidura o llegó a planteárselo?
El voto emigrante habría influido en la decisión si nos hubiera dado la mayoría en escaños, porque habría hecho inevitable la candidatura. Con esa salvedad, ya dejé claro en la noche electoral que no procedía. El conjunto de la izquierda, sumado, estaba siete escaños por debajo de las derechas. Más allá de lo que te pidan las tripas, hay que prestar atención a lo que dice la aritmética. Y en este caso decía que era imposible gobernar.

¿Le ha costado incomprensiones con Izquierda Unida y los sindicatos? ¿Le han trasladado en persona algún malestar?
Izquierda Unida dijo que no estaba dispuesta a gobernar con nosotros. Da la sensación de que pretendía dejarnos con 15 diputados en una cámara de 45, sometidos a una oposición en la que ellos ocuparían el espacio de la izquierda. Pero, en el ámbito interno, la posición del comité autonómico fue clarísima y la militancia entendió las explicaciones. No teníamos ninguna posibilidad aritmética de formar una mayoría política con ninguna otra organización.

Y, sin embargo, no es una explicación que satisfaga a toda la izquierda.
Es difícil entender por qué se crea una polémica en torno a esto, aunque estamos acostumbrados. Cuando no tiene resultados para gobernar, un partido debe ser consciente de que su lugar es la oposición y centrarse en el papel que le dan los electores. Si no, da la sensación de que intenta aferrarse al poder. Y, por otro lado, qué no habría dicho Cascos si de verdad hubiéramos tenido una oportunidad de gobernar. Hubiéramos corroborado la teoría de la connivencia con el Partido Popular.

Y, sin embargo, hubo un acuerdo entre el PSOE y el PP para situar a Fernando Goñi en la presidencia de la Junta General.
Sí, pero eso ratifica lo que le digo. El acuerdo no hubiera sido posible con un candidato socialista. Así me lo expresaron con toda franqueza los responsables del Partido Popular.

Fue un movimiento rápido y sorprendente. ¿Hubo mucha trastienda?
No se había negociado antes. El PP estaba conversando con Foro Asturias y todo indicaba que iban a llegar a un acuerdo. Tuvimos que resolverlo en una mañana, cuando supimos que ese entendimiento se había quebrado. Actuamos como es conocido para evitar que un partido con 16 escaños sobre 45 tuviera mayoría en la Mesa de la Cámara, con todas las connotaciones que eso tiene. Esa minoría no va a cambiar.

¿Prevé un Gobierno débil, a merced de la oposición en el Parlamento?
En parte, he respondido antes. Pienso que tras las generales hay dos opciones: acuerdo de la derecha, que es lo previsible, o elecciones en un plazo relativamente corto. La idea de Foro, de Cascos, es no hacer nada antes de las elecciones generales y, a partir de entonces, culpar a los gobiernos socialistas y a la herencia recibida de las medidas impopulares que vaya a adoptar.

¿Cree entonces que las denuncias sobre una deuda oculta del Principado irán a más?
Cascos aprovechará actos institucionales, los menos adecuados para hacer política de partido o electoralista, para deslizar ese tipo de mensaje. Hablamos de un proyecto personalista que llamaría regional-populismo. Se basa en mesianismo político, en una retórica muy del siglo XIX y un conservadurismo historicista. O, para decirlo más claro, actúa más en el terreno de lo simbólico que en el de lo pragmático.

Mucho Jovellanos.
Jovellanos y, digamos, un intento de hacer un partido que, más que gestionar lo nuestro, defienda lo nuestro. Traslada una idea de Asturias como una comunidad olvidada de todos, con poca autoestima y de tercera división. Así, con un discurso de autorreferencia política, intenta colocarla en el mapa político español. Lo que Cascos trata es de eludir sus propias responsabilidades de gestión y situarlas en el Gobierno de Madrid o en la herencia de los gobiernos de Asturias. Intenta construir un nacional-regionalismo compatible con su electorado.

El nuevo Gobierno se pone en marcha poco a poco. ¿Tiene ya una opinión del gabinete?
Espero conocer a los consejeros por sus obras. Porque por sus palabras, desde luego, poco los estamos conociendo. Les daremos un margen. Más allá de eso, el discurso del presidente está situado en el terreno de lo simbólico. Se trata menos, a mi juicio, de debatir sobre ideas y planteamientos políticos e ideológicos que sobre emociones, eso que él llama el orgullo de ser asturiano. Es algo muy utilizado por la derecha. Francisco Camps ha hablado todos estos años del orgullo de ser valenciano.

Los empresarios han puesto sobre la mesa esta semana recortes en la sanidad y la educación públicas. En la investidura, el presidente rechazó el copago. ¿Cree que cambiará de idea con esos cantos de sirena?
Conviene tener las cosas claras. En ningún momento le pregunté por el copago. Le pedí dos veces que aclarara su posición respecto a la provisión del servicio público sanitario porque, en su programa, en su discurso y en la realidad de alguna comunidad de ideología afín a la suya, como Madrid, se está produciendo un trasvase de la provisión pública a la privada a través de los conciertos. No respondió. Sí lo hizo sobre el copago. Cascos no está de acuerdo con él, nosotros tampoco. Perfecto. No discutamos sobre eso. Lo que quiero saber es lo otro.

¿Le sorprende la claridad con la que han expresado los empresarios su postura sobre el gasto en salud y educación?
Me sorprende menos la contundencia de la patronal al pedir recortes que la tibieza de la respuesta desde el ámbito político y social. Hace unos años, y al margen de que haya crisis, no hubiera sido asumido y hubiera dado lugar a más críticas, y más directas. Hay una idea muy clara: detraer renta de los ciudadanos para la sanidad y la educación es imprescindible. Ahora bien, se puede hacer de dos maneras: por la vía de los impuestos o por la de los precios. La patronal lo dice claramente. Prefiere los precios. Nosotros también lo tenemos claro: los impuestos.

¿Va a ser necesario un frente de la izquierda para defenderlo, incluso en la calle?
No olvidemos una frase de Mariano Rajoy, muy clara. Ha dicho que como sociedad tendremos el estado del bienestar que podamos pagarnos. Yo creo que quería decir que cada uno va a tener el estado del bienestar que se pueda pagar. De esa posición tiene que tomar nota la ciudadanía. La respuesta de los socialistas siempre debe estar en el ámbito político. En el ámbito social, hay otros agentes que deben hacer esa valoración.

La presión fiscal española está por debajo de la media europea. ¿Está a favor de subir los impuestos para garantizar la financiación de estos servicios?
Hay impuestos que el candidato socialista ya ha planteado. Uno es la recuperación del impuesto de patrimonio con una estructura más moderna. No sé si será un impuesto, también puede ser una tasa, pero propone un tributo sobre los beneficios de la banca. Además, a la hora de revisar los impuestos, lo primero es mirar quién no paga. Hablamos mucho de paraísos fiscales, pero el primero sobre el que hay que actuar es el del interior.

El sector público también está en la agenda del Principado. Se acusa al PSOE de haberlo hinchado. ¿Responde lo que hay a las necesidades de la región?
No hay que consagrar nada, pero el discurso de la derecha es falso y absolutamente demagógico. Nadie discute que el sector público pueda ser mejorable, pero si uno enumera las entidades se ve que la inmensa mayoría no son ni siquiera cuestionables. Hablo de Bomberos de Asturias, de fundaciones necesarias. Hay un componente ideológico. ¿Qué va a pasar con la ITV? Es una entidad que funciona bien, con tarifas más bajas que las de las empresas privadas de las comunidades vecinas. Da un beneficio superior al tipo de interés de la deuda pública. Hablamos de entregar un mercado cautivo al sector privado.

El instructor del ‘caso Renedo’ está a punto de excarcelarla. Dice que no puede destruir pruebas porque el Gobierno ha cambiado. ¿Le molesta que ese razonamiento parezca implicar que el PSOE sí hubiera podido?
Prefiero reservarme mi opinión, porque aún no conozco el auto. Sólo diré que no recuerdo ninguna otra campaña electoral en España en la que se levantara el secreto de sumario de un caso con connotaciones políticas. Aquí se hizo y no dije nada entonces, así que tampoco lo haré ahora.

Sobre las elecciones generales, ¿necesita Rubalcaba mucho valor para ser candidato socialista en un momento donde todo pinta tan mal?
El momento es complicado esencialmente porque el PP ha acumulado mucho poder institucional en las grandes ciudades y en las comunidades autónomas. Estas elecciones, si supusieran una victoria popular, podrían dar lugar a una hegemonía de la derecha en España con resultados muy difíciles de revertir en el futuro. Creo que la ciudadanía lo percibe. Vamos a ver qué ocurre, pero no partimos de esa situación de perdedores en la que nos quieren colocar.

¿Ve el 20-N como una segunda vuelta de las autonómicas?
Los electores ya votaron en clave de elecciones generales el 22 de mayo. Un fenómeno nuevo es el descontento generado alrededor del 15-M. ¿Cuánta influencia tendrá en las elecciones? Es muy difícil evaluar las consecuencias electorales de un movimiento de esta naturaleza. De la sociedad del bienestar se está pasando a la sociedad del malestar. Aparte de los efectos que tenga en los resultados electorales, es algo que los políticos estamos obligados a integrar en nuestras propuestas.

¿Cómo pueden acercarse los partidos a un movimiento que hace de su desconfianza hacia ellos una seña de identidad?
Cierto, pero la política solo se puede hacer en democracia y es la única manera de resolver el conflicto social. Las otras no sirven. Una cosa es mejorar, incluso regenerar la política, como pretenden estos movimientos, y otra buscar una sociedad sin política. Eso es justamente lo que quieren los populismos de todos los signos.

¿Habrá mensajes específicos para Asturias o se centrará la campaña en la economía y la marcha general del país?
Es una falacia pensar que Asturias va a salir adelante si no lo hace el conjunto del país. La economía y la sociedad asturianas están estrechamente vinculadas a la economía y la sociedad españolas. Toca hablar de la idea de conjunto, pero Asturias forma parte de él.

¿Es una lección publicar las declaraciones de bienes antes de que sea obligatorio? Para algunos solo es teatrillo.
En la web, hace tiempo que está mi patrimonio y el de mi mujer. No es un ejercicio indecoroso, no es exhibicionismo. Solo se trata de publicar su origen. Las actividades privadas permiten colegir a los ciudadanos qué compromisos ha asumido un político. Si alguien tiene empresas, la forma en que elegió a sus socios da pistas sobre cómo elegirá a sus colaboradores en lo público. Evaluar, ese es el sentido de la transparencia.

¿Se desbloqueará el registro oficial en la Junta?
Lo esencial es que se sepa. La transparencia no debería ser una cuestión normativa, sino voluntaria.