"Nada, desde luego en Asturias nadie, marcó tanto la palabra consenso como lo hizo Rafael Fernández"

Javier Fernández participó en el homenaje al primer Presidente de Asturias organizado por la Fundación Barreiro


Nada, desde luego en Asturias nadie, simbolizó y marcó tanto la palabra consenso como lo hizo Rafael Fernández. La anterior consideración la hizo Javier Fernández, candidato autonómico del PSOE y secretario general de la Federación Socialista Asturiana, durante el homenaje al que fue primer Presidente del Principado. El acto, organizado por la Fundación José Barreiro, tuvo lugar en el Palacio Conde de Toreno (sede del RIDEA), y contó también con la intervención de Vicente Álvarez Areces, Sergio Marqués Fernández, Antonio Trevín Lombán, Juan Luis Rodríguez-Vigil Rubio y Juan de Lillo Cuadrado (escritor y periodista, autor de la biografía de Rafael Fernández). Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, el único ex presidente autonómico que no pudo acudir, envió una carta que fue leída por Manuel de la Cera, que también lo hizo con la remitida desde el PSOE de México. 

Javier Fernández señaló que Rafael Fernández "representa como nadie dos etapas del socialismo asturiano, dos etapas de Asturias y de España misma". "Dos etapas separadas por 40 años de uno de los desiertos políticos más calcinadores de los que tuvo el siglo XX. Rafael Fernández fue un hombre que entregó su juventud a un partido que entonces era una carrusel revolucionario y también ejemplo de posibilismo, de pragmatismo, que oscilaba entre la retórica caballerista y la práctica prietista. Era un hombre que tenía fe en la razón, en la idea de progreso y en que las promesas modernas pudieran gobernar. Y creyó que eso había llegado, como tantos otros, en una primavera de color, en la Puerta del Sol de Madrid, un 14 de abril que abría unas expectativas de una España distinta, de reformadores, de poetas, de laboratorios, de investigadores, de maestros de escuela", explicó.

"Pero aquello no funcionó", prosiguió el secretario general de la FSA-PSOE, que añadió: "Lo cierto es que todas aquellas promesas se fueron al cesto de los papeles rotos. Y aquí quedó un partido debilitado por la derrota, dividido, en parte en las catacumbas y en parte en el monte. Y él estaba entonces en una España fuera de España, en una España errante, dispersa por el mundo, con una República fantasmal, abandonada, traicionada por sus aliados, abandonada de todos, pero que era una referencia no teniendo ejércitos, ni territorio, ni tesoros, ni poder, nada... Era una referencia y una expectativa de dignidad para la creencia que tenían de que con el fin de la Guerra Mundial se restablecería la democracia en España. No pasó así y entonces él tuvo conciencia íntima, como muchos más, de que su exilio no sería pasajero. Y echó raíces porque no quería ser simplemente un desterrado nostálgico de su tierra, sino también un ciudadano de aquel país de acogida (...)".

Volvió a España cuando en el país "subía a la superficie un instinto de libertad pública y privada, que había estado ahí vivo en las catacumbas de aquellos 40 años tan proclives al odio". Fue el tiempo en que una "palabra definió mejor que ninguna otra lo que España llevaba dentro, que era la voluntad de desterrar una historia de violencia, de imposición, de intrasigencia, y la palabra era consenso". "Y seguramente nada, desde luego en Asturias nadie, marcó esa palabra tan bien como lo hizo Rafael Fernández", aseveró Javier Fernández.

La Autonomía, única solución a un problema profundo de España
"Consenso era difícil para alguien que había vivido la derrota y el exilio (...) pues este desterrado fue capaz de decir como nadie y de hablar como nadie, con esa palabra por delante, la palabra consenso, que supuso un gobierno democrático, solucionar los problemas que históricamente tenía España, los que habían envenenado su historia en los últimos años.... Forma de Gobierno, Jefatura del Estado, papel del Ejército, seguramente papel de la Iglesia también.... Pero había otra palabra que era el banco de pruebas de lo que estaba pasando en aquel momento, una palabra que tenía que ver con las organización, la distribución del poder territorial en este país (...) Y la palabra se llama Autonomía. Por cierto, conviene ahora que tanto se habla de ella, de la necesaria austeridad, de la eficacia y de evitar solapamientos, y de todas esas cosas que son absolutamente precisas, no olvidarnos de la palabra misma y de lo que significa. Porque no llegamos a ella porque tuviéramos un gran entusiasmo, sino porque era la única solución para un problema profundo de España, con la idea de que en España hay sentimientos políticos territoriales y todos tenemos que estar de acuerdo en que no se puede gobernar ni legislar con los sentimientos, pero que no podemos olvidarnos de que existen", añadió Javier Fernández.