"Las privatizaciones de Esperanza Aguirre: ¿un modelo para Cascos?"

Artículo de María Luisa Carcedo, publicado en El Comercio


Artículo de María Luisa Carcedo, publicado en El Comercio (20/08/2011)

"Las privatizaciones de Esperanza Aguirre. ¿será el modelo para su amigo, el Presidente de Asturias Álvarez-Cascos?"

Es un clásico del verano asturiano. Los veraneantes ilustres hacen sus declaraciones a los medios. El asunto preferido suele la ser la política regional (de la que todo veraneante que se precie, es un experto), pero como en este verano no existe actividad política, sino cotilleo, bisoñez y desconcierto del Gobierno regional, las declaraciones suelen ser sobre política nacional y, ¡cómo no!, algún motivo para descalificar a Zapatero, que es gratis, y de paso también a Rubalcaba.

Una de las estrellas que más relució este verano es la presidenta de la Comunidad de Madrid. Por su presencia en el palco de la plaza en la 'Fiesta' (¿?, sólo para algunos) de los toros, sus cenas 'privadas' (con fotógrafos y medios, ¿?) y sus llamativas declaraciones sobre cómo gestionar bien las competencias autonómicas. Aunque los dos primeros asuntos son muy tentadores para la valoración política, quisiera centrar este comentario en las declaraciones sobre sus éxitos gestores.

Dice la señora Aguirre que la clave de la confianza de los ciudadanos en su proyecto es que siempre dice la verdad, nunca miente y, a renglón seguido, dice que eso que la pérfida izquierda le atribuye de proyecto privatizador es una falsedad, ya que solo privatizó un remonte de esquí y la ITV. Respecto de la sanidad, apunta de pasada que la privatización es lógica en los servicios de cocina, limpieza. Esto, según ella, es simplemente buena gestión, ya que para estas tareas no se precisa de funcionarios.

Resulta asombroso comprobar el aplomo con el que utiliza un ensayado juego de conceptos para negar una de sus políticas estrella: la privatización de la gestión pública. Pero, ante la posibilidad de que esta evidencia pueda perjudicar los intereses electorales de la derecha, y en este caso a su amigo Álvarez-Cascos, recurre a una argucia dialéctica para negarse a sí misma. Especialmente en Asturias donde los ciudadanos se muestran muy satisfechos con los servicios públicos y mayoritariamente partidarios de su gestión pública.

Veamos las trampas dialécticas y los tremendos engaños que esconden. En primer lugar, cuando cuenta la privatización de dos únicos servicios (la ITV y los remontes de esquí), se refiere a la privatización total, pero esconde otras privatizaciones de servicios esenciales como el agua. En la llamada Ley de Acompañamiento en la Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma para el 2009 introdujo la privatización parcial del Canal Isabel II, empresa emblemática de la Comunidad de Madrid, que ha sido todo un referente de buena gestión pública de un servicios básico como es la gestión integral del agua y la importancia que supone el suministro de un recurso imprescindible para los ciudadanos y los efectos ambientales que conlleva para los ecosistemas. En este caso, además, no se trata solo de gestión privada sino que está planteada un venta patrimonial por el 49 % del importantísimo patrimonio público (tiene un valor superior a los 2.900 millones de euros, según la última auditoría). De esta forma, casi la mitad de un bien de todos los madrileños y emblemático para la región, pasará a ser de unos pocos accionistas que pretenden, lógicamente, ganar más dinero con el patrimonio público.

Hace solo unos meses, el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha dado un paso decisivo para ultimar la venta con la contratación de una asesoría sobre el proceso adjudicado a varias consultoras por importe de más de un millón de euros. La segunda trampa está en la gestión privada de la sanidad pública. Con un enorme cinismo, admite que le parece bien la gestión privada y pone, como ejemplo, los servicios de cocina y limpieza, cuando en casi todos los hospitales y centros sanitarios se han venido externalizando. Pero ella conoce perfectamente que esa no es la cuestión, ni por supuesto, el motivo de controversia. El problema es la privatización de los servicios de atención sanitaria. Y es aquí donde la cabriola dialéctica se convierte en ejemplo paradigmático del mal uso de las ideas políticas y de la falta de transparencia en la gestión pública. Plantea que lo único que le interesa al ciudadano es que los servicios tienen financiación pública y que el acceso es universal y gratuito. ¡Faltaría más!, esa es una decisión competencia de las Cortes Generales y desde la comunidad autónoma no puede modificarla.

El mensaje no explicitado, pero que subyace, es que a los ciudadanos no tiene que importarles cómo se hace la prestación. ¡Todo un ejemplo de transparencia y de rendición de cuentas!. Porque lo que no dice es que no solo introduce la gestión privada en los centros sanitarios, sino que los ocho nuevos hospitales construidos en la Comunidad de Madrid los ha financiado la iniciativa privada y la provisión del servicio es privada, incluso el personal. Lo que no hace público es la deuda adquirida por la comunidad autónoma con pago diferido durante varias décadas, que el coste medio por cama casi duplica al de los hospitales públicos, ni el desfase que aún así supone según las empresas privadas promotoras de los centros y que ocasionó una carta de advertencia de colapso de servicios si la Consejería de Sanidad no atiende sus demandas. Pero, lo que es más grave aún, está en el origen de la declaración de Madrid como Área Sanitaria Única en toda la comunidad, atentando de forma directa contra el modelo integral del Sistema Nacional de Salud regulado en la Ley General de Sanidad y cuya finalidad es facilitarles la selección de enfermos con patologías de tratamientos menos costosos y hacerlos así más rentables para las empresas adjudicatarias. Los casos complicados, irán a los hospitales públicos, por supuesto.

Y la consecuencia directa para los ciudadanos: la necesidad de recurrir a tener una doble cobertura sanitaria. Así, mientras que en Asturias el 9 % de las personas tienen un seguro privado, en Madrid se eleva al 30%, lo que conlleva un gasto adicional en sanidad de las familias. El gasto medio anual de las familias en Madrid es de 200 euros superior a la media en Asturias. Según los datos del INE, el gasto medio anual en sanidad en España es de 971 euros, mientras que en Asturias es de 817 y en Madrid se eleva a 1.098 euros.

Evidentemente, estos datos no se cuentan, pero son suficientemente reveladores sobre los efectos que los modelos de gestión tienen sobre la equidad de los servicios sanitarios, aun partiendo de una legislación estatal básica común de financiación pública y acceso universal, pero que a través de la competencia de gestión, las comunidades autónomas tienen capacidad de profundizar en la calidad y la equidad, que solo se puede asegurar con la provisión pública. ¿Será este el ejemplo de gestión para su amigo, el actual presidente de Asturias?. Estaremos muy, muy atentos.