Federación Socialista Asturiana - PSOE Asturias

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República y Guerra Civil

Compromiso con la república Compromiso con la república

La dimisión de Primo de Rivera, el 28 de enero de 1930, abrió un periodo de once meses dominado por la creciente marejada republicana y la incapacidad del Gobierno para reconducir la situación. En enero de 1931, el Gobierno Berenguer promete convocar elecciones legislativas, a lo que los comiés nacionales del PSOE y de la UGT responden con el acuerdo de defender la abstención.

El día 25 de ese mes de enero, el socialismo asturiano conoció la noticia del fallecimiento de Manuel Llaneza: moría pobre en la Casa del Pueblo de Mieres en la que residía con su familia. El entierro, el día 26, fue una impresionante manifestación de duelo.

El 18 de febrero, el almirante Aznar sustituye a Berenguer en la Presidencia del Gobierno y, dadas las circunstancias, abandona el proyecto de elecciones generales por el de municipales que, percibidas como un verdadero plebiscito sobre Monarquía o República, quedaron convocadas para el 12 de abril.

Las candidaturas monárquicas y reformistas triunfaron en las zonas rurales y en el cómputo global. Mientras, en las zonas urbanas, reconocidas como más representativas, los partidos antimonárquicos obtuvieron una victoria aplastante. El día 14 el rey Alfonso XIII abandona España y el Comité Revolucionario sale de la cárcel para convertirse en Gobierno Provisional de la República , que se proclama entre el entusiasmo general.

En Asturias, las elecciones arrojaron unos resultados parejos al resto de España. En los principales municipios triunfó la conjunción republicano-socialista, lo que se reflejó en la composición de las corporaciones locales.

El 28 de junio se celebraron elecciones a Cortes constituyentes. El PSOE, con 116 diputados, es el partido más fuerte de la Cámara (Julián Besteiro fue elegido su presidente) y principal sostén del Gobierno que, presidido por Manuel Azaña (Alianza Republicana), contaba con tres ministros socialistas: Indalecio Prieto (Obras Públicas), Fernando de los Ríos (Instrucción Pública) y Largo Caballero (Trabajo).

Esta nueva consulta electoral dejó entrever en Asturias la creciente fuerza del socialismo. Los candidatos de la FSA , Teodomiro Menéndez, Amador Fernández, Manuel Vigil Montoto y José Mouriz (residente en Madrid) resultaron electos, formando parte de la mayoría republicano-socialista que obtuvo 12 de los 16 diputados correspondientes a la provincia.

Se inauguraba una etapa, el Bienio Reformista (junio de 1931-noviembre de 1933), que despertó grandes esperanzas en las filas del socialismo. El PSOE, veterano en la lucha por la justicia y las libertades democráticas, veía las posibilidades de transformación de la realidad social española. Las Casas del Pueblo vibraron como nunca lo habían hecho y en Asturias las filas del socialismo se incrementaron espectacularmente. En esas fechas, el 15 de noviembre de 1931, ve la luz por primera vez el diario Avance .

Octubre

A mediados de 1933, el Gobierno de Azaña había experimentado su primera gran crisis: el 8 de junio, el presidente presenta su dimisión, abriéndose la posibilidad de que, primero Besteiro y después Indalecio Prieto, formaran gobierno, lo que no fue factible. El PSOE siente la presión de sus bases, cada vez más radicalizadas ante la amenaza de la derecha, reorganizada en la CEDA, y las noticias que llegaban desde el exterior: en Alemania, Hitler llega al poder en enero.

Sin el apoyo del PSOE, la caída de Azaña se hizo inevitable y con ello la convocatoria de elecciones generales. A las urnas acudirían por primera vez las mujeres, después de que diputadas como Clara Campoamor lograran en la legislatura clausurada que las Cortes legitimaran el voto femenino.

La fragmentación de la coalición gubernamental facilitó que la CEDA y el Partido Republicano Radical de Lerroux obtuvieran mayoría parlamentaria. El PSOE conservó sus electores, pero descendió de 116 a 61 diputados. En Asturias, donde la FSA acudió en solitario, fueron elegidos Teodomiro Menéndez, Matilde de la Torre , Amador Fernández y Veneranda Manzano. El socialismo no había logrado frenar a las derechas, que llegaban dispuestas a rectificar la República.

En el PSOE, la izquierda (Largo Caballero) y el centro (Prieto) llegaron a un acuerdo para desencadenar una acción revolucionaria en el caso de que la CEDA y su caudillo Gil Robles llegaran al gobierno.

Octubre

En Asturias, la radicalización se observa ya con el nombramiento de Javier Bueno, en julio de 1933, como director de Avance , principal instrumento de concienciación revolucionaria. La presión de la JSA (18.000 afiliados) y del SMA (25.000 cotizantes) determinó que los moderados Juan Antonio Suárez y Teodomiro Menéndez fueran desplazados de la dirección. La Ejecutiva de la FSA, con la asistencia de Rafael Fernández, Belarmino Tomás, Amador Fernández y Juan Pablo García, que no formaban parte de la misma, decidió en enero de 1934 sustituir en la Presidencia a Suárez por Graciano Antuña, proclive a medidas revolucionarias.

Antuña y Bonifacio Martín, por la UGT, fueron los encargados, el 31 de marzo, de firmar el pacto constitutivo de la Alianza Obrera regional con la CNT. Los mítines unitarios y los choques con las fuerzas de orden se sucedieron. Registros en busca de armas de la Fábrica de la Vega y de las llegadas a Asturias en El Turquesa , detenciones y secuestros del Avance , enrarecen la situación. Un ambiente que se caldea con las huelgas del verano, como la que tuvo lugar a comienzos de septiembre para impedir la presencia de Gil Robles en Covadonga.

El día 4 de octubre el presidente de la República , Alcalá Zamora, encarga a Lerroux la formación de un nuevo Gobierno, con tres ministros de la CEDA. La huelga general se inició en la madrugada del día 5 de octubre.

Mucho se ha escrito sobre los acontecimientos posteriores. Y, en especial, sobre los que ocurrieron en Asturias, única región en la que el movimiento insurreccional fue realmente efectivo y en la que se esbozó un proyecto de sociedad revolucionaria.

La orden de inicio de la huelga llegó a Asturias a través de Teodomiro Menéndez que, procedente de Madrid, arribaba a la estación de ferrocarril en Oviedo pasadas las diez de la noche del día 4. Inmediatamente se ponía en marcha el plan militar elaborado por los líderes socialistas, encabezados por Ramón González Peña, el generalísimo de la revolución.

Octubre

El primer paso, dominar las cuencas mineras, fue un éxito, aunque las escuadras formadas, en su mayoría, por jóvenes mineros socialistas tuvieron que vencer la resistencia de los cuarteles de la Guardia Civil de Ciaño y Sama.

El segundo era atacar por sorpresa la ciudad de Oviedo, máximo símbolo de la reacción al acoger las instituciones políticas y religiosas y ser residencia principal de la burguesía de la región. Con retraso, lo que anuló el efecto sorpresa, y una cierta descoordinación llegaron a Oviedo tres columnas: la de Ablaña, dirigida por González Peña; la de los mineros de la cuenca del Nalón coordinados por Pedro Vicente; y la del Caudal dirigida por Arturo Vázquez. El día 6 se inició el asalto y, tras cinco días de combates, los defensores quedaron reducidos a posiciones aisladas: el cuartel, la cárcel, el gobierno civil y la catedral. Los obreros habían logrado ocupar la fábrica de explosivos de La Manjoya , la de cañones de Trubia y la de armas de La Vega.

Entre tanto, en la zona de Asturias dominada por los trabajadores (un tercio del territorio, 80 por ciento de la población) los comités locales, mayoritariamente socialistas, ponían en marcha los cimientos de la sociedad revolucionaria: abolida la moneda, se organizó la distribución de alimentos, la asistencia sanitaria, la conservación de las minas...

Pero la revolución no podía triunfar sin el éxito en el resto de España. A Asturias, aparte de la columna del general Bosch, atrapada en Vega del Rey, se dirige desde Galicia el general López Ochoa: en su aproximación a Oviedo, donde entró el día 11, encabezó sus tropas con prisioneros. Así murió Bonifacio Martín, teniente alcalde de Oviedo. Por el este avanzan, a través del valle del Nalón, las fuerzas del general Solchaga; y en un desguarnecido Gijón desembarcaba el coronel Yagüe que, con sus tropas africanas, entraba en Oviedo el día 12.

Al día siguiente el Comité provincial, formado por seis socialistas y tres comunistas, y presidido por Belarmino Tomás, se retiró a Sama para preparar la salida a una lucha que se consideraba perdida. El día 17, Belarmino Tomás se entrevistaba con López Ochoa pactando las condiciones, luego no respetadas, del final de las hostilidades.

El balance fue muy duro: además de destrucciones materiales, se contabilizan cerca de 1.400 muertos y más de 2.000 heridos, la mayoría revolucionarios. La represión posterior (simbolizada en el asesinato del periodista Luis Sirval, la ejecución del sargento Vázquez o las condenas a muerte de Teodomiro Menéndez y González Peña, entre otros) obligó a muchos al destierro. Más de 30.000 prisioneros abarrotaron locales habilitados como cárceles, con el exconvento ovetense de Las Adoratrices como tristemente célebre, verdadera cámara de los horrores por obra del comandante de la Guardia Civil Lisardo Doval.

Reconstrucción y frente popular Reconstrucción y frente popular

Las organizaciones socialistas quedaron deshechas: las casas del pueblo cerradas y las agrupaciones y la propia FSA, disueltas. En la clandestinidad, hasta 1935, fue necesario acometer la reconstrucción, algo en lo que, ayudados por Amador Fernández, participan jóvenes menos significados: Luis Roca de Albornoz, Vicente Requena, Secundino Montes, José Lafuente, Alfredo Rodríguez y, especialmente, Jesús de la Vallina, coordinador de La Aurora Social y colaborador en la puesta en marcha de Avance . Estos y otros lograron levantar cuadros políticos y sindicales clandestinos y poner en circulación el periódico La Tarde.

Antes de que se vaciasen las cárceles de presos políticos, la JSA y la FSA salían a la luz con los nombres de Agrupación Juvenil Socialista de Asturias (86 secciones) y Unión Socialista de Asturias (90 secciones). Recobrarían sus antiguas denominaciones después del 20 de marzo, en plena efervescencia por el triunfo del Frente Popular en las elecciones generales del 16 de febrero de ese mismo año.

Reconstrucción y frente popular Reconstrucción y frente popular

En Asturias la candidatura frentepopulista se formó con 6 miembros del PSOE, 5 de Izquierda Republicana (IR) y el 2 del PCE, obteniendo el 52,8 por ciento de los votos emitidos. Los diputados socialistas electos fueron Matilde de la Torre , Amador Fernández, Inocencio Burgos, Belarmino Tomás, Mariano Moreno y Graciano Antuña.

Los cinco meses transcurridos desde las elecciones del 16 de febrero hasta el comienzo de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, se vivieron en medio de una gran tensión. El regreso de los exiliados y la reincorporación a sus puestos de los presos de Octubre, que abandonaron las cárceles el 20 de febrero -sin esperar a que el Gobierno aplicase la amnistía prevista-, potenciaron las organizaciones obreras. Las fuerzas socialistas eran las mayoritarias en la región. Al triunfo en las elecciones generales, se sumó la presencia mayoritaria en numerosos ayuntamientos: Avilés, Gijón, Mieres, Sama. y en Oviedo, en donde Lorenzo López Mulero fue nombrado alcalde.

Pero el triunfo del Frente Popular repercutió también en el incremento de las actividades paramilitares de la extrema derecha, con manifestaciones de fuerza que eran contrarrestadas por otras protagonizadas por organizaciones juveniles de izquierdas. En ese ambiente prebélico fue especialmente espectacular el desfile de las bien uniformadas JJ.SS. de toda la región ante Largo Caballero, quien acudió, invitado por la Federación Provincial de la JSA , a pronunciar un mitin en la concentración que el 14 de junio tuvo lugar en el Campo de Maniobras (Oviedo).

Guerra Civil

El 17 de julio se iniciaba en Marruecos el levantamiento militar que dio lugar a una Guerra Civil que, en lo militar, se cerró el primero de abril de 1939, con la derrota de las izquierdas, pero que, social y políticamente, se mantuvo abierta hasta el final del franquismo.

En Asturias, la sublevación de Aranda en Oviedo dio lugar a una situación en la que la capital del Principado, cercada por las milicias obreras, militarizadas desde octubre de 1936 por Decreto del Gobierno Largo Caballero, se convierte en el principal frente de batalla. En el resto de la región, y salvo en Gijón donde el coronel Pinilla resistió en el cuartel de Simancas hasta el 21 de agosto de 1936, la rebelión militar prácticamente no existió, dejando a Oviedo sitiado, salvo por el "pasillo" de Grado, sometido a la presión republicana.

Guerra Civil

En esta coyuntura, la FSA , la UGT y JSA, con Rafael Fernández como secretario general, asumen, como fuerzas hegemónicas regionales, el máximo protagonismo en la organización de la vida económico-social, política y militar.

Belarmino Tomás se convierte en presidente de la primera experiencia de Gobierno autonómico, a partir de la formación del Comité de Sama, transformado el 25 de diciembre de 1936 en Consejo Interprovincial de Asturias y León, con sede en Gijón, y, desde el 24 de agosto de 1937, con las tropas franquistas penetrando en Asturias desde Santander, en Consejo Soberano. Socialistas fueron la mayoría de los consejeros, así como los componentes de los consejos municipales o ayuntamientos; Paulino Rodríguez, el comisario general del Ejército del Norte; y hasta Juan Pablo García Álvarez, abogado, presidente del Tribunal Popular de Justicia de Asturias, en funcionamiento desde el 27 de diciembre de 1936.

Aún en las condiciones extremas generadas por la guerra, se trató de actuar ajustándose a la legalidad republicana y de buscar la colaboración, no siempre fácil, con las fuerzas políticas y sindicales que formaban el Frente Popular.

Guerra Civil

El entramado social y militar, trabajosamente construido por personas formadas en las Casas del Pueblo, más para la paz que para la guerra, se derrumbó definitivamente con la entrada en Gijón de Ejército sublevado, la noche del 20 al 21 de octubre de 1937. En el caos reinante, varios miles de civiles y combatientes, precedidos por el Consejo Soberano, lograron abandonar Asturias por los puertos de Gijón y de Avilés. Los que esquivaron el acoso de la armada rebelde arribaron a la costa atlántica francesa, dirigiéndose después a la zona levantina española, aún en poder de la República. Entre octubre de 1937 y comienzos de febrero de 1939, en que con la caída de Cataluña tuvieron que cruzar de nuevo la frontera entre España y Francia, los socialistas asturianos siguieron prestando sus servicios en la administración y en el Ejército republicanos.

A la vez, en tan corto espacio de tiempo, pusieron de manifiesto su capacidad orgánica constituyendo la Agrupación de Socialistas Asturianos (ASA) de la que dependía la Agrupación de Socialistas Refugiados de Asturias (ASRA), que intentaba cubrir los problemas específicos de los evacuados. El comité Ejecutivo de ambas agrupaciones, funcionalmente confundidas, con sede en Barcelona, quedó constituido por José Barreiro, figura emergente del socialismo asturiano, como secretario general; Inocencio Burgos como presidente; Belarmino Tomás, vicepresidente; Rogelio Lagar, secretario administrativo; Lorenzo López Mulero, secretario sindical; Angel de Avila, secretario juvenil; Purificación Tomás, secretariado femenino; Paulino Rodríguez, secretario de milicias; Manuel Suárez, secretario de actas; y Amador Fernández, vocal.

Guerra Civil

La ASRA , creada para cubrir objetivos de solidaridad y ayuda, contó con fondos propios con origen en cotizaciones voluntarias; y, sobre todo, con los procedentes de la Generalitat de Cataluña, gestionados por una Comisión de Ayuda a los Refugiados, de la que formaba parte la socialista de Arriondas Gloria Velasco. La ASA intervenía en la citada Comisión a través del Centro Asturiano de Cataluña, en el que estaban representadas otras organizaciones políticas y sindicales asturianas pero que, por cuestión de mayorías, tenía también como secretario general a José Barreiro. Del Centro Asturiano dependía también una Cooperativa, creada en Barcelona por iniciativa de Amador Fernández, que pudo disponer de un buen volumen de mercancías destinadas a Asturias y que, dadas las circunstancias, se pusieron a disposición de los evacuados.


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