Federación Socialista Asturiana - PSOE Asturias

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El Exilio

A lo largo de la dictadura franquista, el socialismo asturiano sufrió la escisión geográfica, determinada por la salida de la región de miles de combatientes y, en muchos casos, de sus familias.

La Comisión Socialista

Con la caída de Cataluña, a comienzos de febrero de 1939, miles de españoles pasan la frontera francesa, encontrando el hacinamiento en inhumanos campos de refugiados, la inclusión en brigadas de trabajo o la alternativa de formar parte de los núcleos flotantes (huidos) en las grandes ciudades del sur (Toulouse, Perpignan, Narbona, etc.) y en París. Otros, procedentes en su mayor parte de la zona Centro-Sur, última en caer en manos de las tropas franquistas, vivían en condiciones dramáticas en las colonias francesas del Norte de África (Argelia y Marruecos). Los socialistas exiliados sufrieron, además, las consecuencias del estallido de la II Guerra Mundial y del control de Francia por tropas hitlerianas o por el gobierno de Vichy. Tratar de pasar desapercibido o engrosar el maquis francés fueron las opciones para aquellos que no pudieron ser evacuados a México.

Liberada Francia de la ocupación alemana en agosto de 1944, los socialistas asturianos colaboraron decisivamente en la reorganización del PSOE y de la UGT en sendos Congresos celebrados en Toulouse en septiembre y noviembre. En octubre de 1945, quedó formalmente constituida la Comisión Socialista Asturiana (CSA) que, siempre bajo el control disciplinario del Partido, articulará a la mayor parte de los socialistas exiliados de uno y otro lado del Atlántico hasta su desaparición a comienzos de la transición democrática. En la Asamblea constitutiva que tuvo lugar en Montauban, cerca de Toulouse, fue elegida la primera Comision Ejecutiva:

La Comisión Socialista
  • secretario general: José Barreiro
  • secretario adjunto y tesorero: César Antuña
  • secretario de estudios: Daniel Noval
  • secretario administrativo: José Fernández Flórez.

Esta dirección, que apenas varió a lo largo de los años, salvo para cubrir con el ex-guerrillero José Mata la vacante dejada por José Barreiro en 1975, se encargó de impulsar la formación de grupos asturianos y de cumplir distintos objetivos, como la recaudación de fondos para los compañeros que en Asturias mantuvieron en pie las organizaciones socialistas.

Reorganización

En el interior, los militantes de las distintas organizaciones del Frente Popular tratan de organizarse para mantener la solidaridad con los que atravesaban las situaciones más difíciles. Una tarea complicada ya que a la violencia represiva había que añadir la pérdida de valiosos compañeros, desaparecidos, fusilados, exiliados, sentenciados a prisión o en espera de ejecución. Cárceles, campos de concentración, la huida al monte, y con frecuencia la muerte... esperaban a los hombres y mujeres de izquierdas que no habían conseguido salir del país.

Pese a tan difíciles circunstancias, los socialistas asturianos acometieron la reorganización orgánica, iniciada en cárceles y colonias de trabajadores. El 5 de octubre de 1943 se reunían en Oviedo seis compañeros que, respaldados por los socialistas huidos y los de las colonias, se erigían en Comité Provincial de la FSA.

Florentino Zapico -ovetense, llegado al socialismo desde las filas de Izquierda Republicana durante su estancia en la cárcel- presidió la primera Ejecutiva de la reorganizada FSA. Ocupan también posición destacada Bernardino Díaz, Silvino García y Wenceslao Fernández. En poco tiempo se formaron 32 comités repartidos por la provincia, entre ellos el Comité de Monte guerrillero.

Ese mismo mes de octubre de 1943, Sócrates Gómez formaba la primera ejecutiva del PSOE en España en la clandestinidad, con Gómez Egido como presidente y él mismo como secretario general. En abril de 1944, en la Dehesa de la Villa madrileña, tuvo lugar el primer pleno de las federaciones regionales del Partido. En junio, socialistas, cenetistas y republicanos fundaban la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD) en la que, en 1946, se integraron el PCE y los monárquicos.

Ni la caída de la Comisión Ejecutiva del PSOE, reorganizada por Eduardo Villegas, ni los problemas creados por los comunistas en el seno de la ANFD, enturbiaban un horizonte en el que las circunstancias internacionales apuntaban hacia un pronto final del franquismo.

Sin embargo, por causas diversas, en el año 1946 se quebró el desarrollo general de la oposición al franquismo y el socialista en particular. Incidió la evolución de las relaciones internacionales: si hasta 1946 habían crecido las expectativas de una pronta caída de Franco, a partir de ese año -con el comienzo de la Guerra Fría - se generó una sensación de desmoralización e impotencia. El régimen franquista percibía que el tiempo jugaba en su favor y recrudecía la represión. No obstante, aun antes de que la presión policial produjera sus efectos, el Comité de Monte de la FSA reorganiza de forma simbólica el Sindicato Minero, en un acto celebrado el 23 de marzo al que asistieron Florentino Zapico, como presidente de la FSA, y Eduardo Villegas, presidente de la Ejecutiva Nacional del PSOE.

Pero en marzo, la policía detenía a la mayor parte del Comité Provincial de la Federación Socialista. Algunos miembros como Zapico, Bernardino Díaz, Wenceslao Fernández o Silvino García, consiguieron huir a Francia. La zapicada , como fue conocido el golpe policial, desarticuló varios comités locales y fue el comienzo de una serie de acciones que dejaron casi inerte la organización. El fenómeno dio lugar a una verdadera inflexión en el desarrollo de las organizaciones socialistas del interior. Después de 1946, y hasta los años 70, los socialistas limitaron deliberadamente sus ambiciones a la creación de cuadros organizados sólo en algunas regiones, entre ellas Asturias. La estrategia de retraimiento se acentuará tras el fracaso de Indalecio Prieto en su intento de llegar a un acuerdo con los monárquicos no "colaboracionistas" para acelerar el final del franquismo.

Los 50, retraimiento

A la estrategia de retraimiento no fueron ajenas las organizaciones socialistas asturianas. Después de los golpes de 1946, FSA y SOMA-UGT -unidos hasta el final del franquismo- pasan a ser coordinadas, desde Gijón, por José Manuel Alonso Paniceres, hasta su caída el 1º de Mayo de 1947.

Los hombres del Comité de Monte asumieron en junio la total responsabilidad del partido, y de la UGT, en Asturias, constituyéndose una Comisión Ejecutiva formada por José Mata, Tamayo, como presidente; Manuel Fernández Peón, Flórez , como vicepresidente; Arístides Llaneza Jove, como secretario; y Manuel Fernández Casas, Lele , como tesorero. Esta ejecutiva se mantuvo hasta poco antes de la partida de los guerrilleros socialistas para el exilio por el puerto de Luanco, el 23 de octubre de 1948. Ese día se ponía punto final a once años de resistencia, durante los cuales los guerrilleros habían limitado sus intervenciones, de acuerdo con las órdenes del Partido, al mínimo indispensable para garantizar su supervivencia y la de la organización en el llano. El Plan Prieto para la solución del problema español, chocaba con la persistencia en el interior de la lucha armada. Esto y el incremento de las acciones represivas, entre ellas los terribles sucesos del Pozu Funeres (1948), contra quienes supuestamente colaboraban con la guerrilla, determinaron la partida para Francia de los hombres del monte socialistas. El martes 25 de octubre eran recibidos en San Juan de Luz por el principal mentor de su salida, Indalecio Prieto, quien contó con el apoyo de Amador Fernández y de la Ejecutiva de la CSA, representada en el acto por su presidente, José Fernández Flórez, padre de José Fernández Peón (comandante Flórez ).

Los 50, retraimientoa

La persistente represión, extrema en épocas como los meses de febrero y marzo de 1952 o en mayo de 1955, y el natural desánimo en que algunos caen fueron factores que en ocasiones dejaron la FSA y la UGT bajo mínimos. Pero nunca dejaron de funcionar.

El quehacer de los hombres de la CSA en el exilio, a cuyo apoyo económico y moral hay que atribuir una buena parte de la supervivencia de las organizaciones socialistas regionales, y en el interior la labor de los grupos de la Hueria de Carrocera, Carbayín, Tuilla, Sama y Oviedo posibilitaron la supervivencia del socialismo en Asturias. En el grupo de Sama hay que recordar, entre otros, nombres como Pepe Llagos; Rufino Montes; Isidro Castro; Vicente Fernández Iglesias el Polleu ; Herminio Alvarez; o Daniel Iglesias, que como Perfecto Antuña ( Peto o Petra ) había regresado de Francia; Cecilio Pérez Castaño Cilio ; Pepín de Rondera; Jesús Castaño; Aurelio Iglesias; Manuel Cuervo; Valeriano León. En Oviedo actuaron Emilio Llaneza; Jenaro Fernández El del Niza; Cándido Jiménez el del Cristo ; Andrés Ladreda El Rabiau ; Wenceslao Mori; Fernando Cabal Pintado; o el grupo de Latores, entre los que estaban Amalio Álvarez, Baldomero Álvarez, Jesús Álvarez, Marcelino González Canterina , Benjamín Muñiz, Amador Fernández, José Fernández Rodríguez; Ángel Valle Gelu ....

Los 50, retraimiento

Se tienen noticias documentadas, incluso, de la celebración de plenos regionales, como el que tuvo lugar en el monte Naranco "aprovechando la fiesta campestre" a comienzos de agosto de 1950, con la asistencia de 20 delegados que recibieron las instrucciones que desde el exilio traía Petra o Peto , es decir, Perfecto Antuña de la Rasa (Carbayín-Siero).

Organización y recursos se concentraban, principalmente, en la cuenca del Nalón y, de hecho, unos pocos asumen ante el exterior representaciones diversas: en los años 50 Rufino Montes Súarez y Vicente Fernández Iglesias firmaban cartas, informes y comunicados con los seudónimos H. Salgado , J. Soto y Justo C. , según actuasen como presidentes de la FSA , de la Federación Nacional de Mineros o como secretarios del SMA. En Oviedo también se encontraban militantes muy activos. Jenaro Fernández, que entró a formar parte de la Ejecutiva de la FSA en los años 50, convirtió El Niza , restaurante de su propiedad, en el " centro neurálgico de la actividad clandestina " y punto de encuentro de enlaces y contactos nacionales y extranjeros. Entre esos enlaces fue figura clave a nivel regional y nacional Vicente Requena, quien trabaja como taxista en la ciudad, conduciendo un coche propiedad de Jenaro Fernández, hasta que falleció en extrañas circunstancias en mayo de 1956. Su sustituto, el también citado Cándido Jiménez, murió al cabo de un año de haber asumido aquella responsabilidad.

La caída de 1958 La caída de 1958

El año 1958 marcó un hito en la historia del socialismo nacional y regional: la gran redada policial del mes de noviembre desarticuló gran parte de la organización que trabajosamente se había creado. El acontecimiento se puede considerar como la consecuencia última de un proceso abierto con la irrupción en el socialismo nacional del vasco Antonio Amat Maiz Guridi, que desde mediados de la década trató de vencer la atonía de las organizaciones del interior, cambiando la estrategia de retraimiento y moderación, auspiciada por las ejecutivas de la UGT y del PSOE instaladas en Toulouse. Ejecutivas cuyos secretarios generales eran Pascual Tomás y Rodolfo Llopis, respectivamente, y de las que formaba parte José Barreiro como vocal en la de la UGT desde 1946 y como vicesecretario en la del PSOE desde 1950.

La renovación planteada por Amat Maiz pedía devolver al interior la capacidad de decisión, perdida a favor de Toulouse después de la desaparición de Tomás Centeno el año 1953.

El riesgo del peculiar activismo de Amat era grande y, según muchos temían, aunque admirasen su valor y decisión, condujo a su detención en noviembre de 1958 y, detrás de él, casi un centenar de militantes socialistas de toda España. En Asturias cayeron todos los que llevaban la Federación Socialista, salvo Rufino Montes que logró huir a Francia.

Los sesenta, renovación y relanzamiento

La transformación que vivió España durante los años sesenta y comienzos de los setenta y el renacimiento de la oposición al franquismo en medios obreros y estudiantiles, insinuado antes y en crecimiento a partir de entonces, exigieron la adecuación de las organizaciones socialistas.

La pulsión del interior fue atendida por las JJ.SS. del exilio, organizaciones como la CSA que presidía Barreiro y por algunas individualidades significativas residentes en Francia y México. Eso permitió romper la resistencia al cambio de la UGT que presidía Pascual Tomás, y Manuel Muiño desde 1969, y del PSOE, presidido por Rodolfo Llopis, en los congresos de 1970 y 1972 en el partido, y del año 71 en el sindicato.

El cambio de actitudes en la FSA había comenzado tras el desmantelamiento del último Comité Provincial clásico , en noviembre de 1958. Al Comité y a la actividad clandestina llegaron jóvenes como Herminio Álvarez, los hermanos Marcelo y Arcadio García, de San Martín del Rey Aurelio, y Pedro y Paulino León, de Mieres, Avelino Pérez, José Castro, Prudencio Magdalena, Pablo García, Emilio Barbón...

Los sesenta, renovación y relanzamiento

El cambio en las relaciones entre interior y exilio y la poca experiencia y excesiva fogosidad de los jóvenes dirigentes, inmersos en una sociedad cuya conflictividad se dispara tras las huelgas mineras del 62 y 63, motivó una verdadera crisis en la FSA, que vivió una década convulsa, con disensiones internas y caídas que dificultaron su crecimiento.

La tendencia se rompe con la presencia en Asturias de Agustín González (Otilio ), llegado desde Bruselas en 1968. Nacido, en 1929, en la Hueria de Carrocera (San Martín del Rey Aurelio), fue minero desde muy joven e ingresó en 1950 en el PSOE. Cinco años después, como consecuencia de la represión, emprendió el exilio, encontrando acomodo en las minas de Charleroi (Bélgica). La presencia de González, que fijó su residencia en Roces (Gijón), contribuyó a calmar las agitadas aguas del socialismo asturiano: a comienzos de 1970 las noticias que, procedentes de Asturias llegaban a Toulouse, empezaban a ser esperanzadoras.

El nuevo Comité Provincial, surgido de una reunión en Mieres con presencia de delegaciones de Gijón, Laviana y Sama y presidido por Joaquín López, sería el encargado de cerrar la crisis en la que se venía debatiendo la FSA e iniciar su relanzamiento dentro del movimiento renovador del socialismo español, iniciado en 1970 y culminado en el Congreso del PSOE celebrado en Suresnes (Francia) en octubre de 1974.

Los sesenta, renovación y relanzamiento

El socialismo regional inicia así una etapa de fuerte actividad, superando el desconcierto anterior. Jesús Zapico, minero de Aller pero residente en Gijón, recibe el encargo de Agustín González de trasladarse a Oviedo para revitalizar la organización. El embrión orgánico sigue creciendo, aunque con suma prudencia a la hora de captar militantes. González y Marcelo García harán una labor similar en Gijón y Avilés. Pablo García será, a su vez, el artífice del importante grupo de Barredos . Serán sobre todo jóvenes, estudiantes en su mayoría, los que tendrán un papel destacado en el socialismo asturiano desde los años finales del franquismo.

Este proceso coincide con el relanzamiento de la actividad propagandística, las concentraciones cada vez más concurridas en el puerto de Tarna, las reuniones en la Cabaña de la sierra de Peña Mayor. Y con los contactos regulares entre el socialismo asturiano, el andaluz (Felipe González, Alfonso Guerra, Luis Yañez, Miguel Angel del Pino) y el vasco (Nicolás Redondo, Enrique Mújica, Eduardo López Albizu).

Superar el inmovilismo en el socialismo español pasaba por recuperar para el interior la capacidad de decisión, por situar en España la mayoría de la ejecutiva. La primera gran batalla se libró en el XI Congreso del PSOE en el exilio, celebrado en Toulouse, entre los días 13 y 15 de mayo de 1970. La delegación sevillana encabezada por Felipe González, previo acuerdo con asturianos y vascos, planteó y consiguió la formación de una dirección mixta integrada por representantes del exilio y del interior, aunque éstos seguían siendo minoritarios. Esa situación quedó superada en el XII Congreso (13 al 15 de agosto de 1972), estableciendo una dirección colegiada integrada en su mayor parte por cuadros del interior. El cambio culminó en el Congreso de Suresnes (11 al 13 de octubre de 1974), cuando la totalidad de la Ejecutiva del PSOE, con Felipe González como primer secretario, pasó al interior.


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