Federación Socialista Asturiana - PSOE Asturias

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El Cambio

La FSA, fuerza política hegemónica

De la crisis orgánica e ideológica de 1979, emergió el PSOE en condiciones de recibir el apoyo popular para ganar las elecciones desde 1982 hasta 1996. Y, en el caso de la FSA, hasta la actualidad, salvo en la legislatura 1995-1999, asumiendo así el mandato democrático de continuar la labor transformadora iniciada en la Transición, gobernando la Comunidad Autónoma y la mayoría de los consistorios locales. Esta tarea se llevó a cabo jalonada por los conflictos inherentes a toda organización democrática y por una sociedad sacudida por los últimos coletazos de la depresión económica y por los efectos de una inevitable reconversión económica.

La FSA, fuerza política hegemónica

Bajo el eslogan genérico Por el cambio el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra obtenía una espectacular mayoría absoluta en las legislativas del 28 de octubre de 1982 (48,4% de los votos válidos; en Asturias, 52,36%). Las elecciones autonómicas, primeras celebradas en Asturias, y municipales del 8 de mayo de 1983 repitieron casi los mismos porcentajes: 52,17% y 49,69%.

La FSA, fuerza política hegemónica

Desde entonces, el voto socialista sufre una paulatina pérdida de apoyos, con un ligero repunte en las elecciones de 1991, hasta llegar al 33,83% del año 1995 (un 18,34% menos que las de 1983). Esto supuso la pérdida de la Presidencia de la Comunidad Autónoma, que habían ocupado hasta entonces Rafael Fernández Álvarez (1978-1983), Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos (1983-1991), Juan Luis Rodríguez Vigil (1991-1993) y Antonio Trevín Lombán (1993-1995). El 46% de los sufragios conseguidos en las elecciones de 1999, significó para la FSA la recuperación de la mayoría absoluta en la Junta General del Principado, que no tenía desde 1987, y, por consiguiente, el control de nuevo del Gobierno Regional presidido, en este caso, por Vicente Álvarez Areces. Cuatro años más tarde, en 2003, la FSA-PSOE mantenía su liderazgo en las urnas, con el 40,48% de los votos, perdiendo, eso sí, la mayoría absoluta.

ILa FSA, fuerza política hegemónica

La mayoría socialista en el Parlamento Regional determinó que la presidencia del mismo recayese en: Eugenio Carbajal Martínez (Legislatura Provisional y Tercera Legislatura), Juan Ramón Zapico García (Primera Legislatura), Faustino González Alcalde (Cuarta Legislatura) y Mª Jesús Álvarez González (Quinta y sexta legislatura).

La FSA, fuerza política hegemónica

La tendencia decreciente se percibe también en las elecciones municipales a partir de 1983 y hasta 1995 (pérdida del 14,87% de los votos), así como la recuperación del año 1999 (aumento de un 6,57%). En cualquier caso, incluso en las peores circunstancias, el PSOE es en Asturias el poder municipal incuestionable desde 1979. El predominio del socialismo asturiano en esta importante parcela de poder sólo se ha visto inquietado por el triunfo del PP en Oviedo en 1991, por mayoría simple, convertida en mayoría absoluta en las elecciones siguientes, y por la pérdida circunstancial de alcaldías emblemáticas como Avilés, Pravia, Langreo o Siero.

La FSA, fuerza política hegemónica

Comportamiento parejo al de elecciones autonómicas y municipales se observa en las elecciones europeas y generales. En unas y en otras la evolución del voto socialista en Asturias sigue una tendencia próxima a la del conjunto del Estado. El momento de inflexión que parece decisivo tuvo lugar en el año 1989, precipitándose en las elecciones generales del año 2000. Sin embargo, cuatro años más tarde, en las elecciones del 14 de marzo de 2004, el buen trabajo de la FSA-PSOE y el liderazgo que José Luis Rodríguez Zapatero ejerce en el socialismo nacional logran invertir esa tendencia, consiguiendo cuatro diputados.

1985-1995 década conflictiva

El XXIII Congreso de la FSA (15 al 18 de marzo de 1985) fue el último del que la prensa pudo afirmar, por su desarrollo, que aquella " era una de las organizaciones más tranquilas del PSOE ".

Desde entonces, distintos enfrentamientos internos y polémicas han enturbiado la labor del Partido Socialista. El más importante, a nivel nacional, fue el progresivo desencuentro UGT-PSOE que se plasmó en los duros debates mantenidos entre el ministro de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga, respaldado por Felipe González, y Nicolás Redondo, culminando en la renuncia de éste y Antón Saracibar a sus actas de diputados al Congreso en octubre de 1987.

En Asturias, en el momento en que la Izquierda Socialista dejaba prácticamente de existir (así lo proclamó su máximo representante, Avelino Pérez, en octubre de 1987), la FSA se empieza a resentir del enfrentamiento entre el SOMA y la Federación Regional del Metal y la dirección de la UGT.

1985-1995 década conflictiva

La polémica estalla a finales de 1985 y se puso de manifiesto en el debate ante el pleno del Congreso Extraordinario previo al XXXI Congreso Federal (27-28 de noviembre de 1987). Jesús Morales, secretario de la Agrupación de Gijón, la más importante de Asturias, antes de exponer su posición personal favorable a la gestión de la dirección del Partido, dejó claro por qué la delegación de Gijón tenía que abstenerse a la hora de votarla: en la asamblea local había sido la postura defendida por el 70% de los delegados.

Esa es también la actitud de otras 6 delegaciones, pertenecientes a pequeñas agrupaciones (Muros del Nalón, Carreño, Peñamellera Alta, Ribadesella, Corvera, Ribera de Arriba) que, con Gijón, constituían en Asturias el germen de una corriente que impulsará una pretendida renovación del Partido, sustentada en la implantación electoral de listas abiertas, la limitación temporal e incompatibilidades de los cargos...

1985-1995 década conflictiva

La presión de los críticos no dejó de acentuarse desde entonces. No obstante, en el XXIV Congreso de la FSA (Oviedo 22 al 24 de mayo de 1988) el triunfo de los oficialistas, fue, más que nunca, aplastante. El nuevo secretario general, el profesor de la Facultad de Económicas de Oviedo, Luis Martínez Noval, quedó acompañado por un Comité Ejecutivo en el que destacaba Celestino Suárez, como vicesecretario general.

Desde 1988 los críticos pusieron todo su empeño en las agrupaciones para, así, aumentar su presencia en el Comité Autonómico. Dejaron sentir su actividad en agrupaciones tan mineras como las de Langreo y Laviana; y en la de Avilés. Pero sus éxitos más importantes los obtuvieron en Oviedo y Gijón, las dos agrupaciones más numerosas de la FSA.

1985-1995 década conflictiva

Las diferencias se plasman en los congresos XXV y XXVI de la FSA. En este último, celebrado en Oviedo del 23 al 25 de abril de 1994, los 306 delegados que asistieron en representación de 68 agrupaciones y 10.580 afiliados tuvieron que decidir entre dos candidaturas a la Comisión Ejecutiva: la oficialista de Luis Martínez Noval, que obtuvo 190 votos (el 63%), y la renovadora de Bernardo Fernández, que recibió el apoyo de 111 delegados. Los resultados fueron prácticamente idénticos en la elección de los 21 miembros del Comité Autonómico: la candidatura oficial, con Eugenio Carvajal al frente, obtuvo 13 puestos y la renovadora liderada por Santiago Rodríguez Vega, 8.

El conflicto interno precedió a las derrotas electorales en las europeas de mayo, las autonómicas y municipales de 1995 y en las generales del 96.

Las discrepancias se manifestaron de nuevo en el Congreso Extraordinario (25 y 26 de abril de 1997), previo al XXXIV Congreso Federal (Madrid, 20 al 22 de junio). Por lo demás, los 25 delegados de la FSA se encontraron, como los que formaban las demás delegaciones, con la sorpresa de la renuncia de Felipe González a presentar su candidatura a la reelección como secretario general, arrastrando con su decisión la renuncia también del vicesecretario, Alfonso Guerra. Se trataba de facilitar la solución a los conflictos internos, tarea de la que se debería encargar el nuevo secretario general, Joaquín Almunia.

Hacia la integración

Con Joaquín Almunia como secretario general del PSOE, el XXVII Congreso de la FSA (Oviedo, 4 al 6 de julio de 1995) fue el de la integración, cerrando una fase conflictiva abierta, cuando menos, 10 años antes.

Esta integración se tradujo en la presencia de los críticos en 4 de las 12 secretarías de área y en 9 de las 19 vocalías de una Ejecutiva que quedó constituida por:

  • Presidente: Rafael Fernández
  • Secretario General: Luis Martínez Noval
  • Vicesecretario General: Celestino Suárez
  • Secretario de Organización: Fernando Lastra (anterior secretario de Política Institucional)
  • Secretario de Administración : José Luis Fernández
  • Secretario de Política Institucional: Valentín Ruiz
  • Secretario de Movimientos Sociales: Carlos Rojo (anterior secretario de Organización)
  • Secretario de Política Industrial: José Vega (fallecido el mes de febrero de 1999 y sustituido por Valentín Prieto)
  • Secretario de Economía y Estudios: Javier Fernández
  • Secretario de Educación y Cultura: José Luis Montes
  • Secretaria de Formación: Mª Luisa Peretó
  • Secretaria de Participación de la Mujer: Begoña Fernández
  • Secretaria de Relación con lo Medios: Mariví Monteserin
Hacia la integración

Pero la derrota del PSOE, y de la FSA, en las elecciones del 12 de marzo de 2000 reactivó la polémica interna. El hecho transcendió del socialismo regional en un momento en que el PSOE atravesaba una situación difícil tras los resultados electorales y la dimisión del secretario general, Joaquín Almunia, como consecuencia de los mismos. La decisión de la Comisión Política, presidida por Manuel Chaves, de convocar Congreso del PSOE para finales de julio, con el fin de cubrir la vacante dejada por Almunia, avivó aún más las disputas en el seno de la FSA.

Las vicisitudes del XXXV Congreso Federal (Madrid, 21 a 23 de julio de 2000) son conocidas: el triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque por estrecho margen (414 votos frente a 405 de José Bono), fue refrendado con el apoyo aplastante del Congreso al nuevo secretario general y a su Comisión Ejecutiva.

El resultado -al margen de discusiones sobre lo decisivos que pueden haber sido los votos de los socialistas asturianos en la elección del secretario general del PSOE- fue y es interpretado como una apuesta por el futuro y la expresión de la voluntad del Congreso de abrir una nueva etapa ilusionante basada en la superación de las desavenencias fratricidas, que no del debate interno, consustancial a un Partido de tan larga tradición democrática como es el fundado por Pablo Iglesias.

Hacia la integración

En la misma consideración se sitúa el resultado del XXVIII Congreso de la FSA (Oviedo, 4 y 5 de noviembre de 2000). Precedido de la que puede ser calificada como la última gran confrontación entre unos y otros, el Congreso optó por Javier Fernández, consejero de Industria del Gobierno Regional, como secretario general (215 votos), frente a Álvaro Álvarez (194 votos), secretario general de la Agrupación de Avilés. La CE de la FSA quedó compuesta de la siguiente forma:

  • Presidente: Rafael Fernández
  • Secretario general: Javier Fernández
  • Secretario de Organización: Benjamín Gutiérrez
  • Secretario de Administración: José Luis Fernández
  • Secretario de Asuntos Europeos y Rural: Francisco González
  • Secretario de Política Municipal: Fernando Lastra
  • Secretario de Economía e Industria: Manuel Alfredo Pérez Menéndez
  • Secretaria de Comunicación: Ana Rosa Migoya
  • Secretario de Educación y Cultura: José Luis Montes
  • Secretaria de Igualdad: Begoña Serrrano
  • Secretaria de Políticas Sociales: Marta Gutiérrez

El discurso que el nuevo secretario general dirige a los presentes en la sesión de clausura esboza las ideas que han acompañado su tarea desde entonces.

El compromiso de cambiar la sociedad, que mantiene la FSA-PSOE desde su fundación, sobre la base de la aplicación de los principios, ya históricos, de libertad, igualdad y solidaridad.

Hacia la integración

El compromiso de difundir esos valores irrenunciables, acomodándolos a los nuevos tiempos, para lograr el apoyo de la mayoría social de progreso (trabajadores de la industria, de la minería, de la construcción, de los servicios, agricultores, pequeños empresarios, sectores progresistas, clases medias en general) y, de ese modo, actuar desde los distintos niveles de poder (ayuntamientos, gobiernos autonómicos, Estado español) democráticamente constituidos.

El compromiso de trasladar a la sociedad la imagen real de que el Partido Socialista es instrumento de transformación capaz de llevar a la práctica aquellos valores y que, por lo tanto, no se agota en sí mismo. El PSOE -reiteraba Javier Fernández, en sintonía con el pensamiento del secretario general federal, Rodríguez Zapatero- debe manifestarse como una organización limpia, transparente y, ante todo, tan plural como la sociedad misma.

Pluralidad significa debate interno y ejemplaridad funcional democrática. Pero también esfuerzo integrador para desterrar fulanismos endémicos, clanes y familias enfrentadas en disputas estériles y empobrecedoras. Pluralidad significa capacidad para afrontar en los principios la propuesta de soluciones a los problemas sociales estructurales -acentuados por el neoliberalismo globalizador (paro, pobreza, precariedad laboral, vivienda, educación, sanidad, inmigración, medioambiente, etc.), que amenaza con desmantelar el Estado de Bienestar- y que en muchos casos se mueven en el ámbito de las ONGs, el feminismo o los movimientos pacifistas y ecologistas. Sin olvidar los específicamente asturianos derivados, en su mayor parte, de las insuficiencias infraestructurales y de las reconversiones industrial y minera.

Situándonos en esa nueva frontera orgánica y social, -concluía el secretario general de la FSA-, haremos honor a los hombres y mujeres que durante 100 años lucharon en Asturias por el socialismo y a la vez conseguiremos que las ideas que alumbró en España Pablo Iglesias, al fundar el PSOE en 1879, sigan siendo imperecederas.

El camino emprendido por Javier Fernández fue respaldado ampliamente en el siguiente congreso regional, el XXIX. Su candidatura, la única presentada, obtuvo un respaldo superior al 90%.


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